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Historia de Amor

Historia de un Amor Trágico

El 18 de agosto se cumplieron 152 años de aquella fría mañana en que, minutos antes de ser fusilada, la joven Camila O’Gorman leía en un oscuro calabozo de Santos Lugares el último mensaje de su amado Wladislao Gutiérrez: «Camila mía. Acabo de saber que mueres conmigo. Ya que no hemos podido vivir en la tierra unidos, nos uniremos en el cielo ante Dios. Te abraza, tu Gutiérrez».
Wladislao siempre supo que esa seria su condena si los encontraban. Un sacerdote que abandona el celibato y huye con una joven de la alta sociedad porteña no tenía perdón, por lo menos no entre los hombres de entonces.
El cura Gutiérrez tenía 24 años. Camila tenía 20, y estaba embarazada, pero ni su juventud ni su estado conmovieron al entonces gobernador y dueño de la suma del poder público en la Argentina, Juan Manuel de Rosas, quien tampoco se dejó influenciar por los ruegos de su hija Manuelita, amiga de Camila.

De película

Camila O’Gorman nació en 1828 en el seno de una familia cercana al poder. Fue educada de acuerdo a las normas de la época, que dictaminaban que las jovencitas debían tocar el piano, bailar el minué federal y la contradanza en las tertulias semanales y llevar en el sombrero o la capa un lazo de obligatorio color rojo punzó. Las crónicas de aquellos años la describen como bonita e instruida. Wladislao nació en Tucumán y, a poco de ordenarse sacerdote, fue enviado a la Iglesia del Socorro, donde se hizo amigo del cura Eduardo O’Goman, hermano de Camila.
En la parroquia, o durante las reuniones de las que ambos participaban, Wladislao y Camila se enamoraron. Sabían que su amor estaba prohibido, que recibirían la maldición de la sociedad patriarcal de entonces y el castigo de las autoridades, pero no querían separarse. Por eso decidieron huir.

En la noche del 11 al 12 de diciembre de 1847 los amantes se escaparon de Buenos Aires. Poco después se presentaron en Goya, Corrientes, como los maestros Valentina Desán y Máximo Brandier. Instalaron una escuela y comenzaron a vivir lo que ellos creían iba a ser una nueva vida, unidos y sin tener que esconder su amor. Pero la dicha terminó abruptamente.
En una reunión social, el sacerdote Patricio Gannon delató a los amantes. «¿ Cómo está usted, padre Gutiérrez? ¿Hace mucho que salió de Buenos Aires?», le dijo a Wladislao.
La pareja fue encarcelada. Había afiches que pedían su captura en todas las provincias. El propio padre de Camila, Adolfo O’Gorman, se había encargado de exigir la deten­cion de los rebeldes, enfurecido ante el regreso del escándalo a la familia.
Los jóvenes debían ser llevados a Buenos Aires, pero en cambio fueron encarcelados en Santos Lugares. Allí, las gestiones a favor y en contra de los enamorados se sucedieron, pero terminarían imponiéndose la incomprensión y la intolerancia. El 18 de agosto de 1848, a las 10, una descarga acabó con la vida de Wladislao. Camila necesitó de una segunda para acompañarlo junto al hijo de ambos.
En Goya, en el solar donde vivieron, una placa evocativa reza: «Aquí vivió y aquí lloró sus lágrimas de amor la mas romántica y la más infortunada de las mujeres argentinas».

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La Perichona

La abuela paterna de Camila se llamó Ana Maria Perichon, pero era conocida como ¡«La Perichona», y se había ocupado de escandalizar a la sociedad porteña años antes de que lo hiciera su nieta, ya que en su juventud fue la amante de Santiago de Liniers y en su casa se organizaban las más ruidosas fiestas y se decidían cuestiones de Estado.
Había llegado en 1797 con su familia desde Francia y muchos años después se convirtió en una dama respetable cuando se casó con Tomás O’Gorman, abuelo de Camila. Murió unos días antes de que su nieta decidiera fugarse con Wladislao. Probablemente era una de las pocas personas que entendía a la joven.