El motivo por el que Julián Weich era insultado en la calle

262

El conductor y embajador de Unicef contó el motivo por el que se había acostumbrado a ser agredido en la vía pública.

Parece increíble que alguien tenga algo malo para decirle a Julián Weich. Mucho más, a los gritos y en la calle. Él, que tantas alegrías brindó como conductor de Sorpresa y media, y que con los años se convirtió en la cara de la solidaridad al involucrarse de lleno con Unicef, entidad global de la que hoy es embajador. Pero así fue. Tal como contó al aire en el programa que conduce Cecilio Flematti en Radio Rivadavia, al menos durante un tiempo Weich se había habituado a recibir insultos en la vía pública

Pero, ¿por qué le decían de todo al actor que se hizo conocido allá por los años ochenta, en la tira juvenil Clave de Sol? La respuesta, anticipamos, sorprenderá: porque su hijo Jerónimo, artista callejero, en una época hacía malabares a cambio de dinero en la calle. En su momento, los fotógrafos de la revista Paparazzi lo encontraron trabajando en la zona de Belgrano. Pero los descargos agresivos contra contra su papá no fueron de los vecinos de ese barrio porteño.

“Me insultaban por la calle cuando se enteraron que mi hijo trabajaba a la gorra en la calle”, dijo Julián Weich en De caño vale doble. Y comentó que él mismo acompañó alguna vez a su hijo en la aventura de vivir de esta actividad y lejos del confort de una vida acomodada. Experiencia que hizo en Panamá, hace tres años. Allí, Weich aseguró que estuvo “viviendo con él unos días en la calle”. “Él hacía malabares y yo pasaba la gorra”, recordó.

Según contó el conductor, de invitado en el estudio de la radio, su hijo Jerónimo, que hoy tiene 25 años, “decidió hacerse hippie” a los 19. La idea de hacer este rotundo cambio de vida se la contó de vuelta de un largo viaje de mochilero que arrancó en el norte de Argentina y terminó en México. Y Julián siempre lo apoyó en sus convicciones.

Julián dijo que Jerónimo es feliz así, viviendo por fuera del sistema. Y contó que está por viajar a Córdoba a verlo y que Año Nuevo lo pasó con el joven en San Luis, en una comunidad “Rainbow”, sin luz, sin baño, ni señal en el celular. “Él lo tiene como una forma de vivir y me enseña a mí, porque es un hippie con intenciones de mejorar al mundo”, aseguró. Orgulloso de su hijo que, contó, hace reiki, sabe mucho “de energía y de alimentación” y “promueve tener una vida saludable”.