Una argentina lleva un mes encerrada en un crucero en Lisboa

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Desde hace un mes, la argentina Analia Navarrete vive una situación “angustiante“. Su vida transcurre entre las cuatro paredes del camarote de un crucero fondeado y aislado en Lisboa, con sus tripulantes a bordo, por la pandemia del coronavirus.

“Es tristísimo, es angustiante, es desesperante”, relata a la AFP esta argentina de 36 años, de melena castaña y lisa que trabaja como camarera en el crucero Fantasia Cruise Ship, atracado desde el 22 de marzo en Lisboa con más de 350 tripulantes en su interior.

La pandemia alteró su ruta y, si bien sus casi 1.000 pasajeros fueron repatriados, los trabajadores se quedaron, sin posibilidad de desembarcar debido al cierre de fronteras en toda la Unión Europea.

“Se fueron casi todos (…) Nosotros no tuvimos esa suerte”, lamenta Navarrete, una de las nueve ciudadanas argentinas de la tripulación, conformada en su mayoría por indios y paquistaníes.

Desde el 9 de abril, además, viven encerrados en habitaciones porque algunos tripulantes dieron positivo por coronavirus.

“Desde hace un mes, estamos encerrados en habitaciones individuales, aislados completamente. Nos traen la comida y la dejan en la puerta”, se queja la mujer a través de videoconferencia.

La conexión en el buque es mala, su discurso se entrecorta y la imagen se paraliza en numerosas ocasiones. A causa de ello, los tripulantes apenas tienen contacto con el exterior, ni siquiera con sus familias.

“No tenemos ningún tipo de actividad, no podemos caminar por el barco. La conexión a internet es muy mala y tenemos poca comunicación con nuestra familia”, explica.

Los doctores del barco pasan a diario a realizarles controles de temperatura. También les practicaron pruebas de coronavirus y, aunque ella dio negativo, sigue sin poder salir de su habitación.

Navarrete lamenta la “poca comunicación” con la embajada argentina en Portugal, con la que contactan frecuentemente por correo electrónico. “Nos dice que no tiene novedades, que tenemos que seguir esperando”, lamenta.

“Estamos sanos. Estamos acá olvidados (…) Pasaron 30 días que estamos encerrados. Pasamos por todos los estados del alma pero tratamos de no perder la esperanza”, afirma