Estiman que la bajante del Paraná podría extenderse hasta enero del 2022

Así lo avizoró Carlos Ramonell, docente e investigador de la FICH, quien explicó que, como las lluvias en la cuenca principal se producen entre septiembre y octubre, el retardo demandaría que el agua recién arribe a inicios del año que viene al Paraná.

En diálogo con Telefe Santa Fe, Carlos Ramonell, docente e investigador de la FICH, avizoró el futuro próximo del Río Paraná, experimentando en este momento una bajante histórica. Considerando lo que ocurre en las cuencas principales, no fue optimista para lo que viene. Adelantó que los niveles podrían comenzar a normalizarse recién en 2022.

“La condición de bajante, no con niveles tan bajos de hoy en día, se inicia en agosto de 2019. En ese momento teníamos dos metros más de agua o más. Se supera el nivel de aguas bajas: solo se recuperó en febrero y marzo, como puede ocurrir de nuevo en 2022“, comenzó diciendo Ramonell.

Con respecto al futuro cercano, adelantó que “los efectos más agudos de la bajante empiezan a visualizarse ahora. Julio y agosto van a ser críticos. Ese desarrollo va a continuar la condición de bajante en general. Es muy posible que sigan hasta enero, es lo predecible. La mayor cantidad de agua que se produce en el río es en el norte de la cuenta, en territorio brasilero, y en esa zona las lluvias más frecuentes son en octubre: arriban con retardo en el tiempo”.

A partir de esto, advirtió sobre los peligros de transitar por la zona. “Todo ese suelo lagunar ha renovado su sedimiento fangoso y el transitarlos con vehículos va a generar encajamientos. Y hay peligro que representan los pozos de dragado y evoluciones que se dieron asociadas también al encajamiento”. Y agregó: “es provisoriamente hasta que se restituya, cuando empiecen las lluvias nuevamente. Sabemos que empiezan a ocurrir desde septiembre. Va a depender donde llueva la recuperación”.

Finalmente, fue prudente con un pronóstico puesto que “la ciencia no tiene herramientas para responder con confiabilidad, sabemos que si vemos el registro de mediados del siglo pasado, cuando hubo bajantes frecuentes, en las décadas del 40 y 50, estos períodos duraban un par de año y alternaban con otros que no tenían los caudales que nos acostumbramos a ver desde la década del 70 en adelante. Eran altos. Hoy en día, la situación ha cambiado por la evolución propia de ríos interiores, fundamentalmente los que están en márgenes extremos a los cauces principales“.