Un joven correntino inventó un carbón ecológico y quiere revolucionar el asado

Facundo Cabrera es correntino. A los 18 años se mudó a Buenos Aires para estudiar Cine y Publicidad y, luego de una experiencia laboral en una agencia internacional, se dio cuenta de que quería dedicarse a otra cosa, “crear algo propio”. Con ese impulso, regresó a su tierra natal y hoy, con 31 años, montó un negocio que promete revolucionar el mercado del asado en Argentina y la región.

“Volví a Corrientes con la idea de meterme en el negocio familiar, que es la venta de maquinaria para el agro”, contó Facundo en entrevista con Agrofy News. “El cambio generacional en las empresas familiares no es fácil, entonces decidí emprender por mi cuenta. Empecé con unos carritos metalúrgicos que fabricaba y vendía a empresas de transporte”, continuó.

El combo de creatividad y tecnología le vino heredado de su familia: “Vivíamos en una quinta y de chico jugábamos con tractores. Los armábamos y desarmábamos todo el tiempo. Mi abuelo materno era arquitecto, coleccionista de autos y robots, eso me llevó a apasionarme por todas esas cosas”, contó.

Nace la idea

Luego de su primera experiencia emprendiendo, en 2015 surgió la idea de crear BrasUp, una caja de carbón vegetal con sistema de autoencendido, junto con dos colegas que hoy siguen siendo sus compañeros de trabajo: “Lanzamos tres tipos de cajas, la última de 4 kgs fue la más exitosa. Llegamos a vender en Coto y varios supermercados”, explicó el emprendedor.

Luego de un tiempo, Facundo tuvo la necesidad de encontrar otras alternativas sustentables para reemplazar el carbón vegetal: “El negocio del carbón vegetal es un negocio finito. Primero, dependés de los bosques, de que haya madera. Segundo, hay problemas con la exportación. Muy pocas personas pueden hacerlo y al ser un negocio informal, se metió el contrabando”, detalló.

“El carbón vegetal que conocemos proviene de árboles nativos, de bosques que en su mayoría no se recuperan. Recorriendo los campos buscando este producto, vimos el gran deterioro que esto significaba”, expresaron en una publicación en sus redes cuando decidieron dar un giro a su negocio.

“Empezamos a buscar una opción para reemplazar el carbón vegetal en nuestra caja y poder seguir produciéndola de manera consciente», indicó.
Con esa inquietud, en 2017 Facundo viajó a Brasil y conoció a un carbonero que hacía briquetas de carbón con desechos forestales, a base de cáscara de coco: “Había visto que se hacía en otros lugares e inmediatamente quise hacerlo en la Argentina”, expresó. Sin embargo, no encontró cocoteros en el país para poder abastecerse. “Ni siquiera en Misiones, que es la región más tropical”.

La cascarilla de arroz es un residuo resultante del proceso de molienda del grano maduro del arroz y abunda tanto en Corrientes como en Entre Ríos; durante dos años Cabrera y su equipo buscaron la forma de carbonizarla y así reemplazar el carbón vegetal. (Imagen: gentileza BrasUp)

El giro sustentable: arroz

Facundo decidió ir por otro camino y crear algo distinto: “Buscando alternativas encontré que se podía hacer con cáscara de arroz. En Corrientes hay mucha disponibilidad de esta materia prima. Empecé a investigar. Fui al INTI, a la UNNE para ver si habían hecho algo y me sorprendí que no se había hecho nada”, contó el emprendedor.

A fines de 2018 quedó seleccionado en un programa del Gobierno de EEUU donde emprendedores de todo el mundo viajan a diferentes ciudades del país norteamericano para aprender y trabajar durante 5 semanas: “No sé si fue casualidad pero la ciudad que me tocó era la capital de Arkansas, un estado que se especializa en producción de arroz. En ese tiempo recorrí muchas arroceras y ahí decidí volver y cambiar el modelo de negocio”.

Junto a sus dos socios, en 2019 comenzó a hacer las primeras pruebas: “No había información de cómo hacerlo. Llenaba un tanque de 200 litros con cascarilla de arroz, hacía una fogata abajo y esperaba, pero no carbonizaba. Para que pase la carbonización perfecta tienen que pasar dos cosas: altas temperaturas y falta de oxígeno. Si entra oxígeno la cascarilla al ser volátil se prende fuego, se hace ceniza”, explicó el emprendedor.

De la misma forma en que se usó la cascarilla de arroz, se puede convertir en carbón “cualquier descarte orgánico, como cáscara de nuez, maní o almendras”, asegura Cabrera. (Imagen: gentileza BrasUp)
Facundo contó que al principio había subestimado el proceso de carbonización de la cascarilla, que es bastante complejo: “Es un componente muy volátil, se prende fuego rápido. Fuimos probando y descartando procesos hasta llegar al modelo ideal. Le agregamos un motor y mejorando el sistema. Terminamos desarrollando el primer prototipo a fines de 2020”.
“Creamos un producto nuevo. Leña con cáscara de arroz existía, nuestro diferencial es la carbonización. Se dice que en ingeniería está todo inventado, pero eso que está inventado se puede mezclar y crear cosas diferentes. Secadores de soja, maíz, arroz, existen, lo que hicimos fue modificarlo, adaptarlos a nosotros y crear una máquina propia para poder lograr el producto”, detalló.

Con una primera ronda se lanzaron al mercado: “Fue un éxito y tuvimos reposición, pero enseguida nos quedó chica la máquina y el lugar donde producíamos era incómodo, había que ir por algo más grande”, contó Facundo.

Decidieron arriesgarse, frenaron la producción y a principios de 2021 compraron un terreno en Parque Industrial de Santa Catalina, en Corrientes, con el objetivo de pasar de producir 400 kilos de carbón por semana, a 600 de carbón por hora. Esto los obligó a salir a buscar una segunda ronda de inversión.

Se sorprendieron de la rápida respuesta que tuvieron. “Nos contactaron primero de Paraguay. En esa zona hay mucha cáscara de arroz y quieren instalarlo allá. Luego empezamos a recibir pedidos de todos lados, entonces nos pusimos a armar el modelo de franquicia, con proyecciones a cinco años”, explicó el emprendedor.

Afortunadamente se abrió una nueva ronda de inversión que les permitió terminar el tinglado en el parque industrial, desarrollar la máquina para producir a gran escala y abrir la franquicia en Paraguay.

“Tenemos propuestas de todo el mundo y podemos aprovechar distintas materias primas, no solo cascarilla de arroz. Podemos adaptarla a cáscara de almendra, de nuez, de maní, de coco, bambú, marlo de maíz. El abanico de posibilidades es gigante y la idea es instalar estas plantas en diferentes partes del mundo y no una gigante en un solo lugar”, contó Facundo respecto a la visión del negocio a futuro.

El emprendimiento compró un terreno en el Parque Industrial de Santa Catalina, Corrientes, para instalar la planta que permitirá la producción de 600 kilos de carbón por hora, con la cascarilla de arroz como materia prima. (Imagen: gentileza BrasUp)

Mismo sabor, mucho potencial

El carbón ecológico “tiene un poder calorífico y durabilidad increíble”. Si bien prende un poco más lento que el carbón vegetal y la brasa se ve más blanca, el calor que emana es muy fuerte: “Ahora compramos otras extrusoras que van a largar un producto mucho más compacto”, adelantó.

El carbón no altera el sabor de la comida porque la cascarilla está 100 % carbonizada: “Es lo que más nos costó lograr. Si queda algo de materia sin carbonizar humea y altera el sabor de la comida. Esa es la diferencia con el otro producto que se hace con leña, el sabor del arroz se impregna”.

En cuanto a costos, cuando lo lanzaron estaba un 20 % más que el carbón vegetal: “Con la nueva producción vamos a poder abaratar más. Va a ser bastante competitivo. El carbón vegetal siempre mantuvo el precio porque siempre hubo bosques, disponibilidad, pero ahora pegó un salto con el tema del dólar y está un poco más caro. Muchos carboneros que quieren seguir en el negocio me hablan para ver cómo pueden hacer esa transición”, contó el emprendedor.

Fuente Agrofy News