Con algunos límites sobrepasados, la Fiesta del Chamamé cierra su edición 2026

El sábado en el Cocomarola hubo buena música desde temprano con artistas de la talla de Juan Pedro Sorribes, Ana Paula Romero y un homenaje en canciones al recientemente fallecido Matías Galarza, el grupo Tajy y una Orquesta Folclórica de alto vuelo. Entre los favoritos del turno “madrugada”, estuvieron Ernestito Montiel y Amboe con un sutil pero evidente reclamo por el horario asignado.

El chamamé es un género de raíz profunda, es sencillo, amable y sobre todo auténtico, cuatro características que no abundan en tiempos donde reina la inmediatez y la superficialidad. Muchas provincias argentinas vieron en los últimos años, como su folclore fue fagocitado por una industria cultural hambrienta y desalmada pero el chamamé no. Y ¿Por qué el chamamé logró sobrevivir?, quizás sea por el amor y solemne respeto con que su gente lo custodia. El chamamecero está orgulloso de lo suyo y aunque es un ser tranquilo, no duda en mostrar los dientes para marca límites al que intenta sobrepasarlos y eso es lo que diferencia, sostiene y hace crecer a la fiesta que esta noche vivirá la última fecha de su edición 2026.

Fueron 10 lunas en las que hubo mucha música (de calidad y también berreta), hubo notables ausencias, hubo modernización, llenos totales, hacinamiento, enojos, halagos y grietas. Podría decirse que este año, aburrirse no fue una opción. Con una grilla bien regional (así como la del viernes), el predio del Anfiteatro Mario del Tránsito Cocomarola volvió a verse sobrepoblado. El buen chamamé dijo presente desde temprano con artistas de la talla de Juan Pedro Sorribes (en la apertura) y poco más tarde Ana Paula Romero y un homenaje en canciones al recientemente fallecido Matías Galarza. Estuvo el grupo Tajy y también una Orquesta Folclórica de alto vuelo. Entrada la madrugada llegó Ernestito Montiel y el Cuarteto Santa Ana y casi al final de la grilla (pero todavía televisado) Amboe y un sutil pero claro reclamo por el horario asignado.

En las escuelas de periodismo enseñan que la cabeza de una noticia debe incluir pocas oraciones que resuman el contenido del texto, norma totalmente desobedecida en esta nota cuyo primer párrafo (llamado cabeza) es extremadamente extenso y no responde muy bien a los grandes interrogantes (que, quien, cuando, donde y cómo). Frente a esto la pregunta es ¿está bien romper las reglas?, a veces sí está bien romper reglas siempre y cuando se lo haga de un lugar de conciencia y conocimiento, pero no cuando se rompen las reglas desde la ignorancia o la inconsciencia. ¿Y que tiene que ver esto con la fiesta del chamamé?, tiene mucho que ver porque en el chamamé hay quienes rompen las reglas, de hecho, los grandes del género son inmensos porque rompieron las reglas, pero lo hicieron desde el talento y el virtuosismo. Romper las reglas a cualquier precio no es válido pues pone en juego ni más ni menos que la calidad, en este caso la calidad de un género que tiene raíces ancestrales. La conclusión de esto es que para ser grande hay que romper reglas, pero para romper reglas hay que prepararse y mucho. Al que le quepa el sayo que se lo ponga.

Algo de la noche

El trío Tajy es uno de los que subió al escenario el sábado en horario central. Integrado por Belén Arriola, José Víctor Piñeiro y Tato Ramírez, este grupo rompe reglas y no es cosa de ahora, ellos irrumpieron en escena hace varios años con una propuesta distinta a lo que el público chamamecero estaba acostumbrado, una propuesta arriesgada, pero de una impecabilidad digna de los grandes. Su arte tiene altura y por eso ya consiguió sitio en la historia del género.

La novena luna chamamecera fue atractiva y comenzó con Juan Pedro Sorribes, hijo de Quique Sorribes y dueño de una voz privilegiada. Días atrás Antonio Tarragó Ros, ante la pregunta de esta periodista: “¿Quién es el que más queres escuchar en esta fiesta?” respondió “al hijo de Quique Sorribes, que talento tiene ese chico”. Pero mientras uno de los grandes resaltaba su calidad artística, la organización le asignaba el inicio de la grilla, es decir uno de los horarios menos destacados. Estas cosas suceden cuando los empleados de la fiesta ignoran la historia o el talento de los artistas.

La que sí tuvo un merecido horario digno fue la Orquesta Folclórica de la Provincia y supo aprovecharlo con un homenaje en vida a Mario Bofill. Ana Paula Romero también brillo el sábado con un emocionante homenaje musical a Matías Galarza quien falleció hace pocos meses. La misionera María Ofelia fue de las grandes elegidas para cantar en esta fecha en que también estuvo Mateo Villalba. El horario central fue para los paraguayos de Tierra Adentro.

Entrada la madrugada llegó el turno del hijo de Ernesto Montiel. Ernestito Montiel con el Cuarteto Santa Ana pisaron el escenario mayor cuando el reloj marcaba casi las 2 de la madrugada y la gente empezaba a irse del Cocomarola.

Amboé fue otro de los relegados al final de la grilla. Eran casi las 3 de madrugada cuando el conjunto goyano apareció en escena y, en un claro gesto de protesta, el cantante Rogelio Chiappe se presentó cargando un termo y un mate.

Hora de marcar límites

Con Teresa Parodi y Los Alonsitos con su invitado el Chaqueño Palaveccino como números centrales, la Fiesta Nacional del Chamamé dará esta noche el último sapucay de su edición 2026, una edición interesante, pero en la que sus organizadores por momentos pusieron en riesgo la identidad que tanto dicen defender. Ahora queda en manos de los artistas y del público marcar el límite a los nuevos funcionarios antes de que sea muy tarde.