El contador y tributarista Lisandro Balestra explicó que la normativa incorpora un régimen de incentivos a la inversión —conocido como “RIMI”— orientado a mejorar las condiciones fiscales para la adquisición de bienes de capital.
En el marco del análisis del nuevo escenario productivo, especialistas comienzan a poner el foco en un aspecto poco abordado de la reforma laboral: su capítulo fiscal, que introduce herramientas con fuerte impacto para pequeñas y medianas empresas, especialmente del sector agropecuario.
El contador y tributarista Lisandro Balestra explicó que la normativa incorpora un régimen de incentivos a la inversión —conocido como “RIMI”— orientado a mejorar las condiciones fiscales para la adquisición de bienes de capital.
“Es un régimen que apunta a dar mayor neutralidad tributaria. El sistema argentino históricamente castiga la inversión, y esto busca revertir en parte esa lógica”, señaló.
Incentivos para invertir
El RIMI establece mecanismos de amortización acelerada para inversiones productivas. En términos prácticos, permite que la compra de maquinaria, infraestructura o equipamiento pueda deducirse en plazos mucho más cortos en el impuesto a las ganancias.
Para microempresas, el piso de inversión ronda los 150 mil dólares, mientras que para pequeñas y medianas empresas los montos son mayores. Sin embargo, existen excepciones relevantes para el agro.
“Hay inversiones estratégicas —como equipos de riego, energías alternativas, reproductores o mallas antigranizo— que no tienen monto mínimo y pueden deducirse en un solo año. Eso es algo muy potente y sin antecedentes cercanos”, destacó.
Además, el régimen contempla un esquema especial para la devolución de créditos fiscales de IVA, reduciendo los plazos habituales y mejorando el flujo de capital de trabajo de las empresas.
Cambios en IVA y Ganancias
Más allá del RIMI, la reforma introduce modificaciones en impuestos clave.
En el caso del IVA, se prevé una reducción de la alícuota efectiva para consumos energéticos vinculados al riego, lo que podría impactar directamente en los costos productivos del agro.
En tanto, en el impuesto a las ganancias se incorporan dos cambios relevantes. Por un lado, se habilita el ajuste por inflación de quebrantos impositivos, una demanda histórica del sector.
“Hasta ahora, las pérdidas se licuaban con la inflación. Esto generaba una distorsión muy fuerte. Con este cambio, se mejora la previsibilidad y la seguridad jurídica”, explicó Balestra.
Por otro lado, se modifica el criterio de valuación de la hacienda en establecimientos de engorde, eliminando una situación que obligaba a tributar por ganancias no realizadas.
“Los productores pagaban impuesto a las ganancias por subas en el valor de mercado de animales que no habían vendido. Era un esquema totalmente distorsivo”, indicó.
Con el nuevo sistema, se implementa un mecanismo de diferimiento que permite tributar recién al momento de la venta, alineando el criterio con la lógica de otros sectores productivos.
Expectativa y cautela
Si bien la ley ya fue promulgada, gran parte de estos beneficios aún dependen de su reglamentación. Por ese motivo, desde el sector recomiendan cautela al momento de tomar decisiones de inversión.
“No está claro todavía cómo será la adhesión ni desde cuándo aplicarán los beneficios. Podrían incluso tener carácter retroactivo, pero eso dependerá de la reglamentación”, advirtió el especialista.
Un contexto productivo en movimiento
El análisis se da en paralelo a un contexto de expectativas en distintos sectores productivos. En el caso de la citricultura, por ejemplo, se avanza en gestiones para abrir el mercado de Estados Unidos, con productores que aseguran estar en condiciones de exportar.
En ese escenario, las herramientas fiscales podrían convertirse en un factor clave para sostener inversiones, mejorar competitividad y acompañar una eventual expansión hacia mercados internacionales.















