El país se expone a no tener los medios para afrontar otra pandemia y se debilitan las posibilidades de cooperación internacional sanitaria.
Argentina formalizó su desvinculación total de la Organización Mundial de la Salud (OMS). El proceso, impulsado por la “firme voluntad” del presidente Javier Milei, se completó al cumplirse el año de preaviso legal tras la notificación enviada en 2025.
Soberanía y discrepancias con la agenda global
La decisión del Poder Ejecutivo se fundamenta en profundos desacuerdos con la gestión del organismo internacional, especialmente respecto a las políticas aplicadas durante la pandemia y el control de medicamentos.
Según la administración nacional, la OMS adoptó posturas que no representan los intereses de los países latinoamericanos.
Al retirarse, el país dejará de participar en foros técnicos y redes de información epidemiológica coordinadas por la entidad.
El canciller Quirno enfatizó que Argentina posee la capacidad técnica suficiente para proteger a su población bajo criterios científicos propios y respetando la soberanía estatal.
El nuevo esquema: OPS y exportación de fármacos
Pese a la salida de la OMS, Argentina continuará integrando la Organización Panamericana de la Salud (OPS).
El Ministerio de Salud, encabezado por Mario Lugones, ya trabaja con laboratorios locales (CILFA, Cooperala y CAEME) para establecer cupos de exportación de medicamentos de alto costo a través del Fondo Rotatorio de la OPS.
El objetivo es que los registros de la Anmat sean aceptados automáticamente por los países participantes de dicho fondo, potenciando así la industria farmacéutica nacional como compensación por la salida del sistema global.
















