El dueño del Inter Miami le ganó a Techint una obra en Vaca Muerta

Se trata de la construcción de los dos ductos que integrarán el proyecto Argentina LNG

El consorcio YPF-ENI-XRG estrenó un mecanismo de licitación inédito en el sector: dos finalistas ofertaron a la baja sin conocer la propuesta del otro ni saber si su rival seguía en carrera. El resultado deja una señal para toda la cadena de proveedores: cada vez pesa menos la trayectoria local y más el precio puro.

El consorcio integrado por la estadounidense Pumpco -subsidiaria de MasTec, de Jorge Mas, el propietario del Inter Miami, equipo en el que juega Leonel Messi-, la italiana Bonatti y la local Contreras Hermanos se quedó con la construcción de los dos ductos que integrarán el proyecto Argentina LNG.

El otro dato fuerte es que el Grupo Techint volvió a perder en un proceso de este tipo, ya que es otro de los consorcios que participaba de esta compulsa.

La adjudicación definitiva del contrato se firmaría recién en 20 a 30 días, según el cronograma que manejan las partes involucradas en el proceso.

Lo que distingue a esta licitación de las anteriores en Vaca Muerta es el formato utilizado para definir al ganador: una subasta inversa electrónica, la primera vez que se aplica este esquema en una obra de infraestructura energética de la cuenca neuquina.

La obra contempla un gasoducto de 48 pulgadas y un poliducto de 24 pulgadas, ambos de aproximadamente 527 kilómetros, dedicados exclusivamente a conectar Meseta Buena Esperanza con Sierra Grande. La oferta ganadora fue de US$1.200 millones.

De un universo inicial de alrededor de siete compañías y consorcios, el proceso técnico dejó a dos finalistas en carrera. A partir de ahí, según fuentes al tanto del proceso, YPF fijó a través de un sistema digital un tope máximo de oferta, y desde ese punto los dos consorcios fueron pujando a la baja en tiempo real.

La particularidad es que ninguno de los dos oferentes conocía en ningún momento el monto que estaba presentando el otro, ni tampoco si su competidor seguía activo en la subasta o se había retirado. El resultado, dicen esas mismas fuentes, fue “el monto más competitivo” posible para el proyecto.

Más allá de quién ganó esta vez, lo que empieza a consolidarse es un patrón: en las últimas licitaciones de infraestructura vinculadas a los proyectos de exportación de GNL de Vaca Muerta, el factor decisivo terminó siendo, de manera casi excluyente, la oferta económica.

La adopción de un esquema de subasta inversa ciega profundiza esa lógica: elimina el margen para que pesen la trayectoria, las sinergias logísticas con otras obras en curso o la relación histórica con el operador, y reduce la definición a una variable pura: quién puede sostener el precio más bajo hasta el final, sin saber qué está ofreciendo el otro.

Para los proveedores locales tradicionales, ese formato es un desafío estructural. Competir a ciegas contra jugadores internacionales, que en muchos casos entran al mercado argentino por primera vez y pueden absorber métricas de rentabilidad distintas a las de una empresa con estructura de costos local, achica el margen de maniobra en cada nueva compulsa.