GLOF, el fenómeno que estremeció Nepal

Por qué representa un riesgo latente para Argentina y Chile

La inundación por desborde del lago glaciar generó cientos de muertos y miles de desaparecidos. La cadena montañosa sudamericana ya registró antecedentes similares, pero sin víctimas fatales. Geólogos explican los estudios que muestran el peligro elevado

Las imágenes de devastación que dejó la tragedia del 26 de agosto en la frontera entre Nepal y China siguen circulando como la advertencia más clara sobre el poder destructivo de los GLOF, cuyo nombre proviene de “Glacial Lake Outburst Flood” (Inundación por desborde de lago glaciar).

Este fenómeno, que hasta el momento causó hasta ahora más de 390 muertos y 1.400 desaparecidos, generó que en cuestión de minutos, una avalancha de rocas y hielo bloqueó el río Lhende y liberó un torrente de agua, barro y escombros que arrasó pueblos enteros.

El Himalaya es uno de los lugares más vulnerables a este tipo de catástrofes, pero la amenaza está muy lejos de ser exclusiva de Asia.

El evento de Nepal reavivó el debate sobre la capacidad de anticipar y prevenir este tipo de catástrofes. Los científicos coinciden en que, aunque existen tecnologías de monitoreo y alerta temprana, la velocidad y la magnitud de los GLOF dificultan la reacción.

 

Un espejo en los Andes: antecedentes, estudios y vulnerabilidad en Argentina y Chile
Las condiciones que propiciaron la tragedia en Nepal están presentes en la cordillera de los Andes, donde el retroceso acelerado de los glaciares y la formación de lagos inestables han dado lugar a episodios de vaciamiento repentino y a una amenaza creciente para las comunidades y ecosistemas de montaña.

El investigador del Conicet, Juan Pablo Milana, advirtió en diálogo con Infobae: “Lo que pasó en Nepal, ya sucedió en la Argentina”.

Milana recordó el evento catastrófico de la Laguna de los Erizos, en Calingasta, San Juan, que el 12 de noviembre de 2005 colapsó de manera súbita, descargando más de 32 millones de metros cúbicos de agua en apenas 67 minutos. El caudal recorrió más de 250 kilómetros, arrasó cultivos, caminos y aisló poblaciones, aunque no provocó muertes porque el área era poco habitada.

“Para mí fue el rompimiento de un glaciar, de hielo. Y no un tapón de tierra. Lo que pasa es que el flujo de agua no pasó por áreas pobladas y no hubo muertes. Estos aluviones o deslizamientos bruscos de agua, tierra y sedimentos se lo llama en islandés Jökulhlaup (rotura del dique), que es cuando la presión del agua acumulada rompe la represa de hielo, se libera de golpe una gigantesca masa de agua, piedra y barro y genera un aluvión”, precisó Milana.

Y agregó: “En Nepal sucedió el rompimiento de un glaciar. No fue un terremoto. Lo que pasa es que tan importante el movimiento de masa, que generó una onda sísmica similar a la de un terremoto”.

Los expertos de la Universidad de Buenos Aires, Diego Winocurt y Daniela Schmidt, publicaron en la revista Springer Nature, en 2026 el primer registro sistemático de paleoinundaciones repentinas y dos eventos históricos de GLOF en la cuenca del río Blanco, Parque Nacional Los Glaciares.

El estudio documentó dos casos históricos: una inundación del lago Sucia en 1966/68, con una descarga de 5 millones de m³ de agua y un caudal máximo de 1200 m³/s, y el desbordamiento de 1913 en el lago Piedras Blancas, con hasta 1,3 millones de m³ liberados.

La baja densidad de población y la escasa infraestructura limitaron los daños, pero la situación actual es distinta: la zona alberga ahora senderos, campamentos y alojamientos que reciben miles de visitantes cada año en el Parque Nacional Los Glaciares.

Al retroceder los glaciares, las laderas de los cerros donde se apoyaba quedan descubiertas y se tornan muy inestables, produciéndose avalanchas que pueden ser de gran magnitud. Esta posibilidad está latente en el Cerro Solo que podría ocasionar una inundación repentina de la Laguna Torre y el río Fitz Roy, donde está El Chaltén.

En septiembre de 2019, el Servicio de Geología y Minería Argentino (SEGEMAR) presentó un informe sobre la posibilidad de remoción en masa en la ladera, pero aún no se avanzó en medidas preventivas. Los concejales piden premura en un estudio sobre los alcances de un eventual GLOF.

El riesgo de un evento de estas características también está presente en el Parque Nacional Los Glaciares. En 2013, en el Canal Upsala del lago Argentino, un derrumbe generó una ola que lanzó grandes témpanos de hielo sobre la costa, arrancó árboles y destruyó instalaciones del embarcadero en bahía Onelli.

Adrián Silva Busso, doctor en Ciencias Geológicas por la Universidad de Buenos Aires (UBA), explicó a Infobae que sorprende la falta de monitoreo de un riesgo geológico tan visible en Nepal.

“Acá en Argentina tenemos algunos lugares donde hay riesgo geológico significativo. El Chaltén es uno por ejemplo, pero está monitoreado por el SEGEMAR y por estudios de la UBA. Sabemos que puede generar potencialmente algún tipo de situación comprometida, pero no lo ignoramos y los monitoreamos”, sostuvo el experto.

Y agregó: “En El Chaltén el riesgo no está relacionado con glaciares, sino con la inestabilidad en las laderas que puede provocar algún tipo de deslizamiento de material y empujar el agua del lago, encajonándola a lo largo del río Fitz Roy”.

En la región de los Andes Principales de San Juan, los geólogos Patricio D’Odorico Benites, Daniel Pérez, Nicolás Sequeira y Luis Fauqué identificaron en un estudio científico, una alta concentración de deslizamientos que han generado represamientos naturales. El colapso de estos diques por movimientos de ladera es el proceso más probable de evolución de estas geoformas.

El análisis de imágenes satelitales reveló que el constante flujo de agua y la erosión progresiva de los diques naturales incrementan el riesgo de rotura y aluviones catastróficos. En la laguna Los Erizos, el 12 de noviembre de 2005, el aluvión descargó 32,1 millones de m³ en 67 minutos y recorrió 254 km en 12 horas, afectando a localidades como Barreal, Sorocayense y La Isla.

Otros peligrosos deslizamientos ocurrieron en Mendoza. El avance catastrófico del glaciar Plomo, en la cordillera entre Mendoza y Chile, bloqueó el río del Plomo y provocó inundaciones en 1934 y 1985. El evento de 1934 arrasó con tramos del Ferrocarril Trasandino y destruyó instalaciones clave en la provincia.

El deslizamiento del glaciar Horcones Inferior, en la base del Aconcagua, fue analizado por Milana en otro estudio científico, quien explicó que la deformación extensional y el colapso gravitacional del glaciar, al alcanzar un perfil crítico, provocó una rápida liberación de masa y la formación de diques glaciales.

Del lado chileno, la organización WWF Chile alertó sobre el “riesgo real de inundaciones glaciares por vaciamiento de lagos (GLOF)” en la cordillera. El acelerado retroceso de los glaciares, documentado por la Universidad de Chile y la Universidad de O’Higgins, está dando lugar a la formación de lagunas inestables, especialmente en la zona central. El glaciar Echaurren Norte perdió el 65% de su superficie desde 1955, mientras que el glaciar Universidad perdió en un año un volumen de agua equivalente al consumo anual de una ciudad de 580.000 habitantes.

El Programa Hidroclimático Regional para los Andes identificó lagos glaciares con alta susceptibilidad a GLOF en la zona central de Chile. Los factores de riesgo son múltiples: sismos, avalanchas, lluvias intensas o el propio retroceso glaciar pueden desencadenar el colapso. Hasta ahora, la exposición humana ha sido limitada por la lejanía de las zonas más vulnerables, pero la expansión del turismo de montaña, nuevos proyectos y el crecimiento de asentamientos humanos incrementan la exposición.

“Lo que vimos en Nepal es un espejo de un riesgo que Chile ya tiene identificado en su cordillera. Mientras el riesgo crece con el cambio climático, la exposición de personas también crece. Impulsar más acciones concretas de adaptación es hoy una urgencia”, advirtió Uri Colodro, coordinador de Cambio Climático y Ciudades de WWF.

WWF Chile insiste en la necesidad de avanzar en adaptación y gestión del riesgo: menos de un tercio de los municipios chilenos cuenta con planes comunales de cambio climático. Las soluciones existen, pero requieren inversión y voluntad política: sistemas de alerta temprana, monitoreo de glaciares, restauración de cuencas, protección de humedales y planificación territorial para evitar que los asentamientos sigan expandiéndose hacia zonas de riesgo.

¿Influye el cambio climático en el colapso de los glaciares?

“El cambio climático siempre estuvo presente. Y siempre fue variable. Nosotros los seres humanos queremos que sea constante, pero no lo es. No hay un año igual al otro. Hay una variación normal. Siempre ha habido variabilidad climática, por eso hablar de qué esto es diferente a lo que pasó hace 50 o 100 años es una absoluta irreverencia o falta de conocimiento porque el clima ha estado cambiando todo el tiempo”, explicó el geólogo Milana.

Y agregó: “Si hay que destacar que este año se juntó el efecto de El Niño, con un mar antártico que no está lo suficientemente frío, con una atmósfera cargada con más humedad. Esto va a generar muchos cambios medioambientales. Acá en la Cordillera actualmente hay mucha nieve, que cuando se derrita puede generar más problemas”.

En tanto, el experto Silva Busso indicó: “Pensar que esto solamente se debe una cuestión entrópica porque hay alguna intervención humana en el clima me parece demasiado difícil de demostrar. Sí que hay una variabilidad climática y cabe estudiar si estos procesos no se han repetido en ocasiones anteriores, o que ciclicidad tienen”.

La investigadora Dorothy Heinrich de la Universidad británica Reading fue taxativa: “Sabemos cómo son las tendencias del cambio climático en el Himalaya. Hay una alta probabilidad de que se produzcan más olas de calor, retroceso de los glaciares, reducción del permafrost, este tipo de cosas que pueden provocar deslizamientos de tierra e inundaciones repentinas por deshielo glaciar”.

Varios expertos afirman que la variabilidad climática acelera el deshielo, multiplica la formación de lagos inestables y eleva la frecuencia de lluvias extremas y olas de calor. La experiencia de Nepal y los antecedentes andinos muestran que la amenaza de un GLOF es real y creciente.

Las laderas de alta montaña, en una región que comparte historia de sismos, deslizamientos y aluviones, necesitan hoy más que nunca vigilancia, monitoreo y acciones preventivas para evitar que el próximo desborde de un lago glaciar se cobre vidas y destruya infraestructuras críticas en el corazón de la cordillera.