Tel Aviv atacó este viernes distintos puntos en Teherán utilizados para producir misiles balísticos y depósitos de almacenamientos de armas
DUBAI.– En una nueva señal de escalada del conflicto, Estados Unidos e Israel atacaron este viernes varias instalaciones clave del programa nuclear iraní, entre ellas el reactor de agua pesada de Arak (Jondab) y la planta de torta amarilla de Ardakan, ambas en el centro del país. Según autoridades iraníes, los bombardeos no dejaron víctimas ni provocaron fugas radiactivas, aunque marcan un salto en el tipo de objetivos alcanzados.
El vicegobernador de la provincia de Markazi, Hasan Qamari, aseguró que “no se ha producido ninguna fuga radiactiva” en Jondab y que “la población no debe preocuparse en absoluto”. En paralelo, la Organización de Energía Atómica de Irán informó que la instalación de Ardakan —donde el mineral de uranio se transforma en concentrado o “torta amarilla”, una etapa previa al enriquecimiento— también fue alcanzada sin que se registraran emisiones al exterior.

La Organización de Energía Atómica precisó además que el complejo de agua pesada Shahid Khondab ya no estaba operativo desde un ataque previo en junio, y reiteró que no existe riesgo de contaminación.
El ejército israelí confirmó el ataque al reactor de agua pesada de Arak y lo describió como “un punto clave de producción de plutonio destinado a armas nucleares”. El bombardeo se produjo luego de que Israel instara a evacuar la ciudad cercana ante la inminencia de ataques contra infraestructura militar del régimen.
https://x.com/IDF/status/2037431931478962555
La ofensiva incluyó además otro blanco estratégico: una instalación en Yazd dedicada a la producción de misiles y minas navales. Según fuentes militares, el sitio era utilizado para la planificación, desarrollo, ensamblaje y almacenamiento de misiles avanzados destinados a ser lanzados desde plataformas marítimas y aéreas contra objetivos en el mar.
No es la primera vez que instalaciones nucleares iraníes son alcanzadas en las últimas semanas. La planta de Natanz ya había sido atacada en dos ocasiones desde el inicio del conflicto, al que Teherán respondió con el lanzamiento de misiles y drones contra la ciudad israelí de Dimona, cercana a instalaciones nucleares.
https://x.com/iaeaorg/status/2037595664939651457
Ante este escenario, el director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), Rafael Grossi, pidió “contención militar para evitar cualquier riesgo de accidente”. “El OIEA ha sido informado por Irán de que la planta de Ardakan (…) ha sido atacada hoy. No se ha reportado ningún aumento de los niveles de radiación fuera del sitio. El OIEA está examinando” la información, señaló.

Los ataques se enmarcan en una nueva jornada de bombardeos contra objetivos “en el corazón de Teherán”, incluyendo instalaciones vinculadas a la producción de misiles balísticos, así como lanzadores y depósitos en el oeste del país.
La ofensiva ocurre en la antesala de una reunión del Consejo de Seguridad de la ONU para abordar los ataques contra infraestructura iraní, en un contexto de creciente incertidumbre sobre las negociaciones entre Teherán y Washington, cuando la guerra se acerca a cumplir su primer mes.
Advertencias y extensión del conflicto
En las últimas horas, las sirenas antiaéreas se activaron en Israel ante nuevos lanzamientos de misiles iraníes. El ministro de Defensa, Israel Katz, advirtió que Teherán “pagará un precio muy alto y cada vez mayor por este crimen de guerra” y anticipó que los ataques “se intensificarán y se ampliarán”.
En paralelo, se observaron columnas de humo sobre Beirut, donde autoridades libanesas reportaron al menos dos muertos tras ataques en el sur del país, mientras Israel evalúa establecer una zona de “seguridad” en la región.

Irán, por su parte, continuó con ataques sobre países del Golfo Pérsico, incluidos Bahrein, Qatar y Emiratos Árabes Unidos. Kuwait reportó daños materiales en los puertos de Shuwaikh y Mubarak Al Kabeer —este último vinculado a la iniciativa china de la Franja y la Ruta—, lo que podría constituir el primer impacto sobre un proyecto asociado a China desde el inicio de la guerra.
Arabia Saudita, en tanto, informó haber interceptado misiles y drones dirigidos hacia Riad.
Un escenario incierto
Sin señales claras de desescalada, la estrategia de Estados Unidos sigue mostrando ambigüedades. Mientras impulsa una propuesta de alto el fuego de 15 puntos —que incluye que Irán renuncie al control del estrecho de Ormuz—, también refuerza su presencia militar en la región.
La presión internacional también crece: los cancilleres del G7 pidieron un cese inmediato de los ataques contra poblaciones e infraestructura, mientras aumentan los temores por un impacto humanitario más amplio.
El presidente Donald Trump extendió hasta el 6 de abril el ultimátum para que Teherán reabra la vía marítima y aseguró que las conversaciones avanzan “muy bien”, aunque Irán niega que exista una negociación en curso. Un alto funcionario iraní calificó los ataques como “intolerables” y señaló que aún no se ha decidido una respuesta formal.

En paralelo, los mercados comenzaron a reflejar el impacto de la guerra: el precio del crudo Brent superó los 100 dólares por barril y Wall Street encadenó nuevas caídas, en medio de la incertidumbre global.
Teherán rechazó la propuesta estadounidense y presentó su propia oferta de cinco puntos, que incluye reparaciones y el reconocimiento de su soberanía sobre el estrecho.
En paralelo, Egipto, Turquía y Pakistán intensificaron gestiones diplomáticas para facilitar un diálogo directo. Sin embargo, el ataque a instalaciones nucleares y estratégicas sugiere una ampliación del conflicto, con riesgos crecientes tanto en el plano militar como en el nuclear.
El costo humano también se agrava: miles de edificios civiles han resultado dañados y las víctimas se cuentan por centenares en distintos países de la región, lo que alimenta las advertencias sobre un posible desastre humanitario si la guerra se prolonga.

















