Así fue el operativo para asistir a 100.000 personas aisladas
El analista internacional Andrei Serbin Pont explicó cómo la planificación previa, el acuartelamiento de cinco mil efectivos y un amplio despliegue logístico permitieron responder con rapidez al temporal que dejó 13 muertos y cuatro desaparecidos
Chile movilizó a unos cinco mil militares antes de que el temporal alcanzara su punto más crítico y dejara 13 muertos, cuatro desaparecidos y cerca de 100.000 personas aisladas. Para Andrei Serbin Pont, esa decisión fue uno de los factores que permitió acelerar los rescates y sostener la asistencia en las zonas más afectadas, en un operativo que combinó helicópteros, aviones de transporte, hospitales de campaña y vehículos anfibios para llegar a comunidades que habían quedado completamente incomunicadas.
Durante su columna en Infobae al Mediodía, el especialista explicó que las autoridades chilenas comenzaron a preparar la respuesta antes de que se produjeran los principales desbordes, deslizamientos de tierra y cortes de rutas que afectaron especialmente a las regiones de Coquimbo y Atacama. Según señaló, el acuartelamiento preventivo de miles de efectivos y la movilización de personal de reserva permitieron que los recursos estuvieran listos para actuar desde las primeras horas de la emergencia. “La principal diferencia fue la preparación”, resumió al analizar la estrategia adoptada por el país tras conocerse los pronósticos meteorológicos.
La magnitud del fenómeno obligó a desplegar capacidades poco habituales incluso para un país acostumbrado a enfrentar catástrofes naturales. “Hubo zonas en las cuales llovió en una hora lo que normalmente llovería en un mes”, explicó Serbin Pont al describir un escenario que dejó poblaciones enteras aisladas y obligó a coordinar recursos terrestres, aéreos y sanitarios para garantizar la asistencia.

Uno de los ejes del operativo fue el puente aéreo organizado por la Brigada de Aviación del Ejército. Diez helicópteros participaron de las tareas de rescate y abastecimiento, lo que permitió evacuar a más de 120 personas que permanecían aisladas hasta el 20 de julio y mantener el traslado de personal, alimentos e insumos hacia sectores donde los caminos habían quedado destruidos o resultaban intransitables.
La Fuerza Aérea complementó ese despliegue mediante vuelos de aviones Hércules C-130, que transportaron 183 toneladas de ayuda humanitaria hacia las regiones afectadas. Cuando ni siquiera era posible acceder por vía terrestre o aérea mediante aterrizajes convencionales, un avión CASA 212 lanzó alimentos, medicamentos y otros suministros mediante paracaídas para abastecer a comunidades completamente incomunicadas. “Ese lanzamiento de ayuda humanitaria fue clave”, destacó el analista al describir una de las operaciones más complejas del dispositivo logístico.
La asistencia también incluyó la instalación de un hospital modular de campaña en Ovalle y puestos de atención médica especializada para reforzar un sistema sanitario exigido por la emergencia. Al mismo tiempo, vehículos blindados con capacidad anfibia ingresaron en sectores anegados donde otros medios no podían operar, mientras unidades de ingenieros despejaban caminos, reparaban infraestructura crítica y trabajaban para restablecer la conectividad entre las localidades afectadas.

Para Serbin Pont, la rapidez de la respuesta no fue producto de la improvisación, sino de una planificación sostenida y de la experiencia acumulada por Chile frente a terremotos, tsunamis e inundaciones. A diferencia de otros desastres naturales, explicó, las lluvias extremas permitían anticipar escenarios de riesgo y comenzar el despliegue antes de que la situación se agravara. “El terremoto es impredecible, pero cuando existe la posibilidad de desbordes empezaban a tomar medidas de precaución para iniciar el despliegue en caso de ser necesario. Eso demuestra un nivel de preparación de fondo que entiende cuáles pueden ser las circunstancias”, afirmó.
El especialista sostuvo que, en ese contexto, las Fuerzas Armadas aportaron capacidades logísticas difíciles de reemplazar por otros organismos del Estado. Redes de comunicaciones, patrullas de auxilio, unidades de emergencia, equipos de ingenieros y medios de transporte permitieron sostener la asistencia incluso cuando buena parte de la infraestructura había colapsado. A su juicio, esa capacidad refleja el valor del uso dual del equipamiento militar. “Es muy positivo cómo han reaccionado las Fuerzas Armadas chilenas a este tipo de emergencias. Contribuyen mucho a pensar a las Fuerzas Armadas como una herramienta que facilita las condiciones necesarias para enfrentar incertidumbre”, sostuvo.

Al ampliar la mirada hacia el plano regional, Serbin Pont señaló que no todos los países cuentan con el mismo nivel de preparación para enfrentar emergencias de esta magnitud. Como ejemplo mencionó el caso de Venezuela, donde, según indicó, distintos desastres naturales dejaron al descubierto limitaciones operativas que comprometieron la capacidad de respuesta del Estado frente a situaciones de crisis.
Consultado por Maru Duffard y Fede Mayol sobre la experiencia argentina, el analista consideró que las Fuerzas Armadas locales también han demostrado una buena capacidad de despliegue territorial y de reacción ante emergencias, aunque advirtió que esas fortalezas conviven con restricciones materiales vinculadas al mantenimiento del equipamiento y la disponibilidad de recursos.

Como ejemplo recordó la intervención durante las inundaciones de La Plata en 2013, el temporal que afectó a Bahía Blanca y las tareas logísticas desarrolladas durante la pandemia de COVID-19, cuando participaron en la distribución de alimentos, insumos sanitarios y vacunas en distintos puntos del país. A su entender, la presencia territorial y la capacidad de movilizar personal siguen siendo activos importantes, aunque preservar ese nivel de respuesta exige inversiones sostenidas para mantener el material y retener personal especializado.
Finalmente, Serbin Pont sostuvo que la eficacia de este tipo de operativos también depende de un factor menos visible: la confianza de la sociedad en las instituciones encargadas de intervenir durante las emergencias. En ese sentido, consideró que, en términos generales, los argentinos mantienen una percepción positiva sobre el accionar de las Fuerzas Armadas en tareas de asistencia, un aspecto que facilita su despliegue cuando el Estado necesita movilizar rápidamente sus capacidades para responder a una catástrofe.

















