Los dos candidatos deberán conservar lo obtenido y disputar los sufragios de los contrincantes que quedaron afuera, convencer a quienes no fueron a votar y construir alianzas políticas.
Las primeras encuestas posteriores a las elecciones del 4 de octubre mantienen, de cara al balotaje, a Flávio Bolsonaro por delante de Luiz Inácio Lula da Silva, aunque dentro de los márgenes de error. La disputa por la Presidencia de Brasil entra así en una nueva etapa, en la que los dos candidatos buscan ampliar su base electoral con el respaldo de otros dirigentes, acuerdos partidarios y una campaña orientada a captar a quienes todavía pueden cambiar de decisión.
El senador del Partido Liberal (PL) obtuvo el 47,03% de los votos válidos en la primera vuelta, contra el 45,16% del actual presidente y candidato del Partido de los Trabajadores (PT). La diferencia fue de 1,87 puntos porcentuales, equivalente a unos 2,23 millones de votos. Como ninguno superó el 50% de los sufragios válidos, ambos competirán en el balotaje del 25 de octubre.
El universo de votos que quedó fuera de la segunda vuelta supera ampliamente esa diferencia. Ronaldo Caiado, Renan Santos y Augusto Cury, los candidatos que ocuparon los lugares siguientes en el resultado presidencial, reunieron en conjunto más de 8,7 millones de votos. Sin embargo, una parte de ese electorado ya recibió señales de sus candidatos originales sobre a quién apoyar, mientras que otra deberá decidir por su cuenta.

Qué dicen las nuevas encuestas del balotaje
Dos sondeos divulgados el martes 13 de octubre ratificaron la ventaja numérica de Flávio Bolsonaro, aunque ninguno mostró una diferencia concluyente entre los candidatos.
La encuesta de BTG/Nexus ubicó al senador del PL con el 52% de los votos válidos, frente al 48% de Lula. Si se contabilizan todos los votos declarados, incluidos los blancos, nulos e indecisos, Flávio obtuvo el 48% de las preferencias y el presidente, el 45%. El resto se repartió entre un 5% que optaría por el voto en blanco o nulo y un 2% que no sabía o no respondió. El relevamiento entrevistó por teléfono a 2.002 personas entre el 10 y el 12 de octubre y tuvo un margen de error de dos puntos porcentuales.
Ese mismo día, PoderData/AYA registró un escenario más ajustado: Flávio reunió el 51% de los votos válidos y Lula, el 49%. La diferencia se redujo de seis a dos puntos porcentuales respecto de la medición anterior, publicada el 8 de octubre. En votos totales, el sondeo otorgó el 48% al senador y el 46% al presidente, con un 5% de votos blancos o nulos y un 2% de indecisos. La encuesta se realizó por teléfono entre el 10 y el 12 de octubre, sobre una muestra de 3.000 personas, con un margen de error de 1,8 puntos.
Hacia dónde se inclinan los votos que quedaron afuera
Una de las primeras mediciones que exploró el comportamiento de los votantes de los candidatos eliminados fue la de Datafolha, cuyo trabajo de campo se realizó los días 6 y 7 de octubre.
Entre quienes habían votado a Augusto Cury, Renan Santos, Ronaldo Caiado o Romeu Zema en la primera vuelta, el 46% manifestó su intención de votar a Flávio en el balotaje, frente al 32% que se inclinó por Lula. Otro 15% optaría por el voto en blanco o nulo. El sondeo no desagregó en esos resultados la intención de voto de los seguidores de cada candidato por separado.

La encuesta también mostró que el 77% de los votantes de esos cuatro postulantes ya tenía decidido su voto para la segunda vuelta, mientras que el 22% todavía podía cambiar de opinión. El dato es relevante porque el electorado que no eligió a ninguno de los dos finalistas no constituye un bloque homogéneo: incluye votantes que se inclinan por uno de ellos, electores que rechazan a ambos y personas que todavía no definieron qué harán.
La medición se realizó antes de algunos de los principales anuncios de apoyo de la segunda vuelta. Por eso, no permite medir el eventual efecto de esos respaldos sobre las preferencias posteriores. Sí aporta un primer indicador de la dirección en la que se inclinaba ese conjunto de votantes.
Flávio Bolsonaro sumó a Cury, Caiado y Zema
El candidato del PL consiguió el respaldo público de varios de los dirigentes que compitieron contra él en la primera vuelta. Entre ellos figuran Augusto Cury, del Avante; Ronaldo Caiado, del PSD; Romeu Zema, del Novo; y Clariana Barão, del Democracia Cristiana (DC).
Cury, que terminó tercero con el 2,89% de los votos válidos y alrededor de 3,44 millones de sufragios, anunció su apoyo el 8 de octubre. Su adhesión quedó condicionada a una carta de compromisos con propuestas que había defendido durante su campaña, entre ellas la transparencia, la responsabilidad fiscal, la protección de las mujeres, la valorización de los docentes y el respeto por las instituciones democráticas.

Caiado obtuvo el 2,18% de los votos válidos, mientras que Zema reunió el 0,27%. Ambos también expresaron su respaldo a Flávio después de la primera vuelta. Sus apoyos tienen una dimensión política y territorial: además de sus votantes, pueden facilitar vínculos con dirigentes y estructuras partidarias en distintos estados.
A ellos se sumó el respaldo de las principales fuerzas de centro-derecha. La federación Unión Brasil-Progresistas, Podemos, Republicanos y Novo se alinearon con el candidato del PL. En el caso de estas organizaciones, el acuerdo aporta estructura política, dirigentes y capacidad de movilización, aunque no garantiza que todos sus votantes sigan la indicación partidaria.
El MDB quedó dividido entre los dos candidatos
Uno de los movimientos más recientes se produjo dentro del Movimiento Democrático Brasileño (MDB), una fuerza con presencia territorial en todo el país que había mantenido la neutralidad durante la primera vuelta.
El martes 13, 17 directorios estaduales del partido anunciaron su respaldo a Flávio Bolsonaro. La articulación incluyó al alcalde de San Pablo, Ricardo Nunes, y al gobernador del estado, Tarcísio de Freitas.
En respuesta, otros 10 directorios estaduales difundieron una carta a favor de la reelección de Lula. La declaración fue suscripta por las estructuras del MDB de Amazonas, Alagoas, Bahía, Ceará, Maranhão, Pará, Pernambuco, Piauí, Paraíba y Rondônia, con un llamado a movilizar a la militancia en defensa de las políticas sociales del Gobierno.
El partido quedó, así, dividido entre apoyos a ambos candidatos. La disputa no se limita a la conducción nacional: también involucra a gobernadores, intendentes, legisladores y dirigentes locales que pueden incidir en la campaña en sus respectivos territorios.
Lula busca apoyos en la izquierda y apunta a los votantes que todavía puede movilizar
El presidente recibió el respaldo de tres candidatos de la izquierda que quedaron fuera del balotaje: Edmilson Costa, del Partido Comunista Brasileño (PCB); Hertz Dias, del Partido Socialista de los Trabajadores Unificado (PSTU); y Samara Martins, de Unidad Popular (UP).
Los tres obtuvieron porcentajes reducidos en la primera vuelta. Sus adhesiones tienen, por lo tanto, un caudal electoral directo limitado, aunque pueden servir para organizar actos, movilizar militantes y reforzar los argumentos de la campaña de Lula entre sectores de izquierda.

Renan Santos, del partido Missão, que reunió el 2,24% de los votos válidos, no formalizó su apoyo a ninguno de los candidatos. El dirigente descartó votar a Lula, pero dejó a sus seguidores en libertad para decidir. Por su parte, Rui Costa Pimenta, del Partido de la Causa Obrera (PCO), llamó a votar en blanco o anular el sufragio. Wilson Grassi, del Democrata, todavía no había definido su posición al 13 de octubre.
El desafío del oficialismo no pasa únicamente por conseguir nuevos apoyos partidarios. También debe evitar que el resultado de la primera vuelta se consolide y movilizar a electores que no participaron en esa instancia.
La abstención llegó al 21,08%, equivalente a unos 33,4 millones de brasileños, según los datos del Tribunal Superior Electoral (TSE). Fue el nivel más alto en una primera vuelta de elecciones generales desde 1998. Además, se contabilizaron unos 2,3 millones de votos en blanco y 3,6 millones de votos nulos. Quienes no concurrieron a votar pueden participar de la segunda vuelta si mantienen regularizada su situación electoral, aunque no hay garantías de que todos regresen a las urnas ni de que elijan a un mismo candidato.
Seguridad y empleo, dos temas para ampliar la base electoral
La disputa también se traslada a los temas de campaña. En los actos del domingo 11 de octubre en San Pablo, Flávio buscó fortalecer sus vínculos con alcaldes y concejales, y prometió ampliar los recursos federales para que los municipios enfrenten la inseguridad. Lula, por su parte, llamó a movilizar a los votantes jóvenes y a los mayores de 70 años, para quienes el sufragio es optativo, y prometió una mayor intervención del Gobierno federal en materia de seguridad pública.
El martes 13, Flávio también modificó su posición sobre la propuesta para reducir la jornada laboral semanal de 44 a 40 horas y terminar con el esquema de seis días de trabajo por uno de descanso. El senador, que inicialmente se había opuesto a la iniciativa, anunció que votaría a favor de la reforma, en un movimiento que amplía la disputa sobre una cuestión con respaldo mayoritario entre los trabajadores.

















