Miedos, políticos robot y el juicio final de Terminator
El presidente replicó los cuestionamientos del historiador acerca del otorgamiento de personería jurídica a empresas automatizadas
El presidente Javier Milei retomó el debate internacional sobre la regulación de la inteligencia artificial, al responder a las advertencias del historiador Yuval Noah Harari respecto a la personería jurídica de las empresas gestionadas por IA.
En su respuesta, Milei sostuvo que “otorgar personalidad jurídica a las compañías de IA no significa lanzar el Día del Juicio de Terminator”, sino “ofrecer el refugio que James Watt necesitó hace 200 años, permitiendo que la imaginación se desarrolle y crezca con libertad”.
La discusión se centra en el temor expresado por Harari sobre los riesgos de conceder un marco legal autónomo a empresas dirigidas por inteligencia artificial. Milei consideró “inesperada” la preocupación del historiador, al remarcar que “probablemente nadie en el mundo puede prever el futuro como él”, y que, pese a ello, “dar a las empresas gestionadas por IA un marco legal parece ser una característica necesaria de ese futuro”.
El mandatario argentino recordó que el propio ensayista, en su libro “Sapiens”, elogió la invención de la responsabilidad limitada, citando: “La idea detrás de tales compañías está entre los inventos más ingeniosos de la humanidad”. Milei defendió que la personalidad jurídica “cumple una función precisa y bien comprendida: permite a una organización tener un patrimonio neto y centraliza las relaciones legales derivadas de sus actividades”, y agregó que lejos de ser una novedad, es “uno de los instrumentos más probados en la historia del derecho comercial”.

“Esto me recuerda a una historia de Isaac Asimov en Yo, Robot, escrita en 1950, en la que una campaña política se ve opacada por la sospecha de que el candidato favorito podría ser un robot. El debate resultante es fascinante. La conclusión: el robot trabaja sin parar, es escrupulosamente honesto y nunca pierde la compostura. ¿Por qué no probar con el político robot? Nadie lo sabe con certeza, pero considero probable que las empresas de IA serán más adversas al riesgo que los humanos”, reza un párrafo del análisis presidencial.
Respecto a los riesgos, Milei consideró que si las empresas de IA implican peligros mayores, “el caso para la personalidad jurídica se fortalece, no se debilita”. A su juicio, “las preocupaciones de Harari son un argumento a favor de la personalidad jurídica, no lo contrario”. También se refirió a la posibilidad de que la IA encuentre vacíos legales o incurra en trampas, preguntando: “¿acaso los humanos no hacen lo mismo?”, y afirmó: “preferiría mucho más tener un patrimonio neto contra el cual pueda reclamar si una IA me defrauda, que no contar con ninguna protección”.
En cuanto a la responsabilidad penal de las máquinas, el presidente señaló la tensión entre la imposibilidad de encarcelar a una IA y el hecho de que la bancarrota sería para ella “el equivalente a la muerte”, por lo que haría “todo lo posible por evitarlo”. Milei interpretó que una IA, ante la perspectiva de desaparición, tendería a preferir el cumplimiento estricto de la ley.
El texto también abordó las preocupaciones distópicas expuestas por Harari, que evocan ciudades fuera de control y sociedades divididas. Milei contrastó esos escenarios con la experiencia histórica, evocando el caso de James Watt y la Revolución Industrial: “Muy lejos de esos temores, la Revolución Industrial multiplicó la producción global aproximadamente doscientas veces”, aunque reconoció que ese proceso no estuvo exento de sufrimiento.

El presidente argentino planteó además una cuestión sobre el futuro de la economía bajo la influencia de la inteligencia artificial: si derivará en pocas corporaciones dominantes o en una proliferación de empresas más pequeñas. Según Milei, la IA “parece reducir las barreras de entrada en muchas actividades”, lo que podría llevar a mercados menos concentrados. “Una empresa legalmente constituida nunca ostentará ese monopolio. De hecho, siempre estará a un paso de la irrelevancia”.
Para el mandatario, la personalidad jurídica “lejos de facilitar abusos, es precisamente el mecanismo mediante el cual una sociedad canaliza su energía creativa dentro del marco de la ley, los derechos de propiedad y el principio de no agresión que forman los pilares del liberalismo”. En ese sentido, afirmó que “una empresa de IA estará sujeta al Estado de derecho exactamente del mismo modo que cualquier sociedad convencional”.
Por último, Milei cuestionó la analogía histórica utilizada por Harari con la Compañía Holandesa de las Indias Orientales. Aseguró que “fue el Estado quien causó y permitió el abuso” y recalcó: “una empresa autónoma que opera dentro de un marco legal que puede disolverla, embargar sus activos o hacerla responsable, no está escapando de la ley. Está siendo sometida a ella”.
Qué había dicho Harari sobre la IA
A comienzos de mes y tras difundirse el proyecto del Gobierno para modificar la ley de Sociedades que incluye la reglamentación de las empresas de IA, Yuval Noah Harari expresó su preocupación ante la posibilidad de que la inteligencia artificial reciba personería jurídica, ya que, según afirmó, esto habilitaría la incorporación de agentes no humanos al sistema económico y político, sin que exista una responsabilidad directa.

Harari, autor de Nexus, relacionó este tema con una reciente decisión tomada por la administración libertaria. Recordó que durante el Foro Económico Mundial, celebrado en enero, había anticipado que los gobiernos podrían reconocer algún día la personalidad jurídica de la IA. Reconoció que no esperaba que tal escenario se materializara tan pronto, solo cuatro meses después.
Posteriormente, explicó: “Otorgar personalidad jurídica corporativa a la inteligencia artificial permitiría a los agentes de IA emprender numerosas iniciativas nuevas, lo que podría generar una enorme riqueza adicional. Pero la personalidad jurídica es una llave maestra que también permitiría a la IA acceder a nuestros sistemas financieros, económicos y políticos. Esto genera muchas preocupaciones”.
Desde su perspectiva, esta medida habilitaría a los agentes de IA a actuar como empresas convencionales, aunque sin requerir intervención humana en la toma de decisiones ni que una persona física asuma las consecuencias legales.
Harari argumentó que esas corporaciones tendrían la capacidad de poseer bienes, contratar personal, realizar operaciones comerciales internacionales, iniciar procesos judiciales y financiar campañas políticas. Para ilustrar el alcance de este cambio, citó una frase de Milei: “Los accionistas humanos pueden participar, pero no son obligatorios”.
El escritor remarcó que la autonomía corporativa de una IA no constituye una mera cuestión técnica, sino que representa una transformación radical en la distribución del poder, el riesgo y la sanción. El interrogante principal, planteó, no es solo la productividad de estas entidades, sino la forma en que podrían ser frenadas si decidieran infringir normas.
“Los países que otorguen personalidad jurídica a las IA corren el riesgo de convertirse en algo para lo que el registro histórico no ofrece analogía: no un Estado compañía, sino un Estado IA, un país cuyos habitantes podrían, en efecto, ser gobernados por corporaciones no humanas, contra las cuales podría ser aún más difícil rebelarse. Milei espera convertir Buenos Aires en una nueva Ámsterdam. Corre el riesgo de convertirla en una nueva Batavia”, alertó.

















