Un anticuerpo experimental mostró un efecto llamativo en un ensayo con 32 voluntarios. Por qué los especialistas lo celebran, pero piden no apurar conclusiones.
Una miga olvidada en la tostadora. Una cuchara que pasó de la salsa común al fideo sin TACC. Para quien convive con la celiaquía, esos descuidos mínimos pueden terminar en días de dolor de panza, hinchazón y cansancio.
Por eso, cada novedad sobre un posible tratamiento corre como reguero de pólvora en los grupos de pacientes. La última circula por estos días en redes: una inyección experimental capaz de blindar el intestino frente al gluten. ¿Es cierto? En parte sí, aunque con varios asteriscos.
Primera aclaración, para no generar falsas expectativas: la prueba no se hizo en ratones, sino en personas. Pero fue chica, corta y todavía está lejos de cualquier farmacia.
Un anticuerpo que le baja el volumen a la inflamación
El fármaco se llama ANB033 y es un anticuerpo monoclonal que se aplica con una inyección subcutánea. Lo desarrolla First Tracks Biotherapeutics, una biotecnológica de Estados Unidos.
Su blanco es una pieza llamada CD122, compartida por dos mensajeros del sistema de defensa, las interleucinas 15 y 2. En la celiaquía, ese circuito enciende la inflamación y termina arrasando las vellosidades intestinales, los pliegues microscópicos que absorben los nutrientes.
“Se está probando, es un anticuerpo que va dirigido contra la IL-15 (interleucina 15) y los resultados están buenos, pero recién son los primeros pasos”, resume Fabio Nachman (M.N. 96.066), médico argentino, jefe del Servicio de Gastroenterología de la Fundación Favaloro y expresidente de la Sociedad Argentina de Gastroenterología.
Dos galletitas por día durante dos semanas
El ensayo, de fase 1b, reunió a 32 adultos con diagnóstico confirmado. El esquema fue el siguiente:
17 recibieron el anticuerpo y 15, un placebo, en tres aplicaciones (semanas 0, 2 y 4).
Luego, durante 14 días, todos comieron 6 gramos diarios de gluten en dos galletitas, el equivalente a un par de rebanadas de pan.
Al final, una biopsia midió cuánto se había lastimado el intestino.
Según los datos difundidos por la compañía el 12 de octubre, la diferencia entre ambos grupos fue estadísticamente significativa en varios frentes:
Las vellosidades de quienes recibieron el fármaco casi no se achataron, mientras que las del grupo placebo sí sufrieron el golpe.
Los tratados no mostraron el aumento de síntomas que sí apareció en el resto.
Casi la mitad (47%) del grupo placebo necesitó medicación para calmar el malestar digestivo, contra apenas 6% de los tratados.
No hubo efectos adversos graves; lo más frecuente fue enrojecimiento en la zona del pinchazo
“Es notable ver, por primera vez, la prevención de síntomas y el beneficio en la mucosa intestinal en un mismo estudio”, señaló Benjamin Lebwohl, médico estadounidense y director de Investigación Clínica del Centro de Enfermedad Celíaca de la Universidad de Columbia.
Por qué todavía no cambia nada en la mesa
“Es un estudio muy chiquitito en fase uno, quiere decir que es muy experimental, preliminar”, advierte Paola Harwicz (M.N. 84.182), médica especialista en Cardiología y Nutrición con orientación en Obesidad. Para ella, el camino recién empieza y hace falta seguir investigando.
Hay más motivos para tomarlo con pinzas. Los resultados todavía no se publicaron en una revista científica con revisión de pares: la empresa los presentará en noviembre en un simposio internacional sobre celiaquía en Melbourne, Australia.
Tampoco se trata de una licencia para comer pizza sin culpa. El objetivo es otro: amortiguar el impacto de las contaminaciones accidentales, esas que se cuelan aun en las cocinas más cuidadosas.
El calendario también pide paciencia. La agencia sanitaria estadounidense (FDA) le otorgó una vía de evaluación rápida, y la compañía espera datos de un segundo grupo de pacientes en el primer trimestre de 2027, año en que prevé arrancar una etapa más avanzada.
No es un tema menor: según la Organización Mundial de Gastroenterología, la celiaquía afecta a cerca del 1% de la población mundial, y buena parte de los casos sigue sin diagnóstico.
Mientras tanto, la regla no cambia: el único tratamiento comprobado es una dieta estricta libre de gluten, de por vida.















