La vida solidaria que quedó tapada por el crimen
Asesinada en 2002 en el country Carmel, María Marta era vicepresidenta de Missing Children y cada lunes repartía alimentos en barrios humildes de Pilar.
María Marta García Belsunce tenía 50 años cuando la asesinaron a balazos en su casa del country Carmel, en Pilar, el 27 de octubre de 2002. Su asesinato abrió una investigación que mantuvo en vilo al país durante años, pero detrás del expediente había una mujer dedicada a las tareas solidarias, comprometida con los chicos que necesitaban ayuda y con una marcada vocación por colaborar con los demás.
Quienes la conocieron la recuerdan como una persona de carácter fuerte, apasionada por sus convicciones y dispuesta a defender aquello en lo que creía. Algunos de sus allegados sostienen que peleó por su vida hasta el último momento y que no se habría entregado sin resistirse.
Su vida antes del crimen de Carmel
Nacida el 24 de abril de 1952 en la ciudad de Buenos Aires, María Marta era hija de Horacio Adolfo García Belsunce, reconocido jurista, y de Luz María Blanca Luisa Galup. Formó parte de una familia numerosa, atravesada por la separación de sus padres y la llegada de nuevos hermanos.
En 1971, cuando tenía 19 años, se casó con Carlos Carrascosa, ocho años mayor que ella, graduado de la Marina Mercante y agente de bolsa. La pareja no tuvo hijos y construyó una relación que, según contó Carrascosa en una entrevista con Crónica, se basaba en la complementariedad.
Durante años, María Marta trabajó junto a su marido en la oficina. También tuvo una experiencia en el periodismo: fue productora del programa “De Frente”, conducido por su hermano Horacio García Belsunce, y más tarde se desempeñó como columnista y panelista. Cuando la asesinaron, tenía un programa de radio en Pilar, que utilizaba para ayudar a quienes lo necesitaban y darles voz a personas que no solían ser escuchadas.
Después del retiro laboral de Carrascosa, ambos dejaron la ciudad de Buenos Aires y se instalaron en el country Carmel, en Pilar en busca de una vida más tranquila. Una de sus hermanas también se mudó al barrio con su familia. Sin embargo, aquella vivienda que habían elegido para alejarse del ritmo de la ciudad terminó siendo el escenario del crimen que cambiaría sus vidas.
Su compromiso con las causas solidarias
Aunque estudió Sociología, María Marta nunca ejerció esa profesión. Buena parte de su tiempo estaba dedicada al trabajo social y a las organizaciones que buscaban ayudar a personas en situaciones difíciles.
Durante la década de 1990 participó de Red Solidaria, creada por Juan Carr, y fue cofundadora de Missing Children Argentina. Al momento de su muerte, ocupaba la vicepresidencia de esa organización. También era tesorera de Amigos de Pilar, asociación cuyo dinero y cuyas llaves de una caja de seguridad estaban guardados en su casa
Su compromiso no se limitaba a las instituciones. Todos los lunes cargaba su camioneta con alimentos donados por vecinos y los repartía personalmente en barrios humildes de la zona. Además, dedicaba tiempo a chicos que atravesaban dificultades económicas, afectivas o familiares.
Quienes la conocieron describen una vida austera, alejada de los grandes gastos y centrada en los demás. Aunque vivía en un country, una circunstancia que llevó a muchos a asociarla con una clase privilegiada, sus allegados la recuerdan como una mujer sencilla en su forma de vestir y de vivir.
María Marta también mantenía una relación muy cercana con sus sobrinos, especialmente con los hijos de su hermana Irene Hurtig, que vivían en el mismo barrio. Su perro Tom ocupaba un lugar especial en su vida y quedó ligado a uno de los episodios mencionados durante la investigación del crimen.
El perro Tom y las incógnitas que dejó el asesinato
Antes de su muerte, María Marta había contado que Nicolás Pachelo, el vecino del country que finalmente fue condenado por el crimen, le había robado a Tom. Según esa versión, ella había planteado el problema ante la comisión directiva del barrio. Durante el proceso judicial, los fiscales sostuvieron que ese episodio habría generado resentimiento en Pachelo y que María Marta había comenzado a tenerle miedo.
Detrás del caso García Belsunce hubo una víctima con una historia propia, una familia y una vocación social que merece ser recordada. Y una mujer que tenía muchos sueños por concretar.
















